Hay una divertida anécdota de Francisco de Quevedo que data de su época de estudiante en Alcalá. Un buen día, cuando se había escapado de noche sin permiso y deambulaba por las calles, escuchó cómo desde un balcón una bella dama que iba acompañada de un jovenzuelo con pinta de ser su criado le llamaba queda y dulcemente...
sigue en este artículo que publica Cárpatos en la edición en papel del diario Cinco Días:
ver artículo
|