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Ese desconocido que me crucé por la calle...

Cuando uno ya espera con resignación que le coloquen el 6 delante en el marcador de su edad, suele haber llegado a un momento de la vida, al menos a mí así me pasa, donde te das cuenta que en el mundo hay muy pocas cosas que merezcan de verdad la pena. La familia, los verdaderos amigos que siempre son muy pocos por desgracia. Un buen arroz en el Nou Palas de mi tierra en buena compañía. Unas buenas navidades disfrutando con tus seres queridos. Un gesto de cariño. Cosas que antes no te parecían tan vitales, sumergido en la lucha por la supervivencia en la que se convierte nuestro devenir cotidiano en la juventud.

Por eso, una de las cosas que más me duelen en el mundo y recientemente y muy a mi pesar he tenido experiencias así es cuando tu te encariñas con una persona a la que conoces desde hace años. Muchos,mi última experiencia con alguien que conocía más de 10 años.

Y entonces porque un quítame allá esas pajas, esa persona te da de lado. Pero te da de lado en plan radical. De un trato cotidiano al vacío absoluto. 

Y ahí llega la escena más dolorosa para mí. Cuando por casualidad, te encuentras a esa persona por la calle. Una persona con la que has compartido más de una década de profesión, o de amistad, o de lo que sea, y te ve pasar como un desconocido y con suerte te dice... hola, como estás, te dejo que tengo prisa. O sin suerte te evita por completo. 

Claro, cuando uno reflexiona, creo que alguna vez en mi vida, hice cosas parecidas. Y ahora veo que hice muy mal. Y creo que todos debemos reflexionar. Y pensar con la facilidad con la que el ser humano, pasa del todo a la nada. De la facilidad, por la que nos ofendemos por cosas que no tienen ninguna importancia. Por la facilidad con la que tiramos por la borda relaciones de años. Y las tiramos a la basura y no al contenedor reciclable. ¿Merece la pena?

Para mí no. Llevo más de una experiencia así en los últimos tiempos y cada vez que se produce ese encuentro casual, el encuentro con el que ahora se supone que es un desconocido, cuando antes era alguien con el que compartías tu vida, me llena de vacío y de tristeza interior. Te sientes como si te hubieras convertido en alguien tóxico para esas personas. Personas que no se han molestado en sondear lo que tu piensas por dentro. Se darían cuenta que en tu interior nada ha cambiado, y que se rompen relaciones de años por cosas que a lo mejor no eran tan importantes. Olvidamos a la velocidad de la luz miles de buenos momentos por un sólo fallo, o por un solo problema. 

Verónica, me comentaba este fin de semana, que a ella le ha pasado lo mismo que a mí dos veces este año. Y dos de sus amigas, ahora son esas desconocidas que te encuentras por la calle y no se paran. Puede que sea una fotocopia genética mía, eso dice la familia :-), pero los dos nos sentimos igual. La vida de una persona no se puede permitir esos desencuentros. ¿Por qué antes de que se produzca esa ruptura no intentamos ponernos en el lugar del otro?

Que pasen un buen día.