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Situación de bolsas y mercados. Perder 1 euro duele en bolsa 2 veces más que la alegría por ganar 1 euro

Uno de los principales problemas que tiene la inversión en los diversos mercados financieros es nuestra propia mente.

Resulta que el cerebro humano funciona en sus complejas conexiones neuronales de una manera absolutamente contraria a cómo debería funcionar para trabajar eficientemente en el mercado. No es una cuestión de que uno sea más débil o más fuerte. Es que los humanos somos así. Por ello, trabajar en el mercado, es una eterna lucha contra uno mismo y contra nuestra naturaleza. Sólo la aceptación de la realidad, nos permitirá buscarnos los trucos y ardides necesarios para “engañar” a nuestro cerebro.

Y la aversión a las pérdidas exagerada que tenemos los humanos es un buen ejemplo.

Y para demostrarlo vamos a basarnos en un “paper” científico, pero no como de costumbre, para alguna revista económica…el artículo está hecho para neurólogos y como verán en el enlace al trabajo, es de una revista de neurología para uso de médicos.

Aquí lo pueden leer:

 

https://www.neurologia.com/articulo/2018276 

Veamos una primera cita:

La aversión a las pérdidas hace referencia a una mayor sensibilidad ante las potenciales pérdidas (de 2-2,5 veces más [17]) respecto a las potenciales ganancias de igual magnitud [16,18]. Es decir, ante una apuesta, sería necesaria una posible ganancia de al menos 100 euros, frente a una posible pérdida de 50 euros, para asumir el riesgo y no rechazarla [12]. De igual forma que no será proporcional el placer experimentado al ganar 50 euros frente al displacer que producirá su pérdida, asociado a una mayor respuesta autónoma [19,20].

No conviene confundir aversión a las pérdidas con aversión al riesgo. La aversión al riesgo se referiría al rechazo a asumir riesgos, y éste, a su vez, depende de la aversión a las pérdidas [16]. Así, ante un marco de referencia que implica ganancias seguras, Kahneman y Tversky [11] demostraron que las personas son más conservadoras y no asumen riesgos; por otro lado, ante un marco de referencia negativo que supone afrontar una pérdida, debido a la aversión a ésta, se asumen más riesgos con el objetivo de evitarla [11].

Ya ven. Lo dicen los médicos. Si perdemos 100 euros nos dolerá de 2 a 2,5 veces más que el placer o alegría que podríamos sentir si ganamos exactamente lo mismo, 100 euros.

Tendemos a evitar la pérdida a toda costa. Y esto ha sido la tumba de muchos inversores que estaban invertidos en acciones, y que no las vendían nunca, porque así no se materializaba la pérdida. ¡Cuántos intradía no se han convertido en “inversiones” de largo plazo que ahora mismo necesitarían un milagro para recuperarse!

Bien, a continuación va otra cita, que si no son médicos no van a entender mucho, como me ha pasado a mí, pero que aun así recomiendo leerla.

Observaron que parece existir un circuito bidireccional que procesa tanto posibles ganancias como posibles pérdidas. Dentro de este circuito, se señala el papel central del estriado dorsal y ventral, así como de la corteza prefrontal ventromedial, que se activan ante posibles ganancias y se desactivan –respecto al nivel basal– ante potenciales pérdidas. Además, esta bidireccionalidad no parece ser equitativa, pues la desactivación sería mayor ante las posibles pérdidas que la activación que se daría ante una posible ganancia proporcional; este fenómeno representaría, según los autores, la aversión neural a las pérdidas y mostraría diferencias individuales que correlacionarían con la conducta de aversión a las pérdidas.

Canessa et al [31], utilizando la misma tarea con 56 participantes sanos (29 mujeres y 27 hombres), encontraron resultados consistentes a los anteriores, y señalaron también el papel de una red mesocorticolímbica bidireccional que involucra al estriado ventral y a la corteza frontomedial posterior en la línea ya mencionada: se activan ante posibles ganancias y se desactivan –en mayor medida– en las pérdidas. Pero, además, localizan un circuito con un patrón de actividad inverso que incluye a la ínsula posterior derecha y al opérculo parietal, con mayor actividad ante posibles pérdidas que desactivación ante ganancias. Por último, señalan también un mecanismo neural específico en la anticipación de pérdidas que correlaciona con la aversión a las pérdidas conductual y que involucra la activación de la amígdala derecha y el putamen.

Lo importante es que nos quedemos con la idea. El cerebro tiene circuitos específicos para procesar las pérdidas y las ganancias, de manera totalmente diferente y con diferente intensidad. Por mucho que nos esforcemos, nuestro cerebro, funciona como funciona, y a usted querido lector y a mí, y a cualquiera, nos seguirán doliendo más las pérdidas, que las ganancias. Más del doble de dolor por la pérdida que de alegría por la ganancia.

¿Un truco?

Para mí el mejor, es que si el dolor por las pérdidas le hace saltarse la matemática y la disciplina de su sistema que es la forma de protegerse de todo esto baje el tamaño de la posición habitual con la que entra. La reacción psicológica es notable. Es un tema que comento en mi Libro de Leones contra gacelas.

Todos tenemos un límite por encima del cual nos empezamos a desmadrar y la bajada del dinero de entrada en la posición vuelve a desactivar el cortocircuíto. Steenbarger el gran maestro de la psicología del trading insistía mucho en esto.

Y otro factor que baja mucho el dolor y el nerviosismo, es alargar el plazo. De trabajar en un gráfico de 5 minutos a uno de 4 horas por ejemplo dista un abismo. Los sesgos aparecen porque el cerebro funciona así, pero al tener mucho más tiempo para pensar, es mucho menos estrés y más fácil no caer en las trampas de nuestro propio cerebro.