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La industria petrolífera empieza a preocupar más de lo que parece porque cada vez le llega menos dinero

Ya saben que el mercado del crudo se ha complicado de forma bestial cuando las nuevas técnicas de extracción aparecieron en el mercado e hicieron mucho más barata la producción, léase el caso del fracking. Esta tecnología, no exenta de polémica, ha permitido aumentar la producción a Estados Unidos y tirar el precio del crudo a la baja, de manera que este crucial factor para la economía de las familias del país esté en cierto modo bajo control y el capital disponible de dichas familias no fuese a manos de los productores, sino al consumo interno en otros productos dentro de Estados Unidos, sosteniendo la economía.

Hubo un momento en donde Arabia Saudita se sintió amenazada por estas producciones y simplemente hicieron un cálculo matemático, ya que Arabia Saudita tiene un colchón financiero mucho más potente que los productores en Estados Unidos, así que tiró el precio aumentando la producción mucho más, de forma que los productores norteamericanos no encontrasen rentabilidad en su producción. De ahí que empezásemos a ver en su momento un descenso muy importante del recuento de instalaciones de crudo en activo realizado por Baker Hughes.

El problema es que el descenso del precio del crudo también dañó mucho las finanzas de Arabia Saudita, que por primera vez tuvo que empezar a recolectar impuestos especiales para poder sostener sus propias finanzas. La situación se entremezcló también con un conflicto con Irán que tenía lugar en Yemen, así que no era fácil que Arabia Saudita dejase de pisar el freno para ahogar a los competidores.

La OPEP tenía problemas porque algunos productores suplicaban cerrar el grifo de la producción porque se les estaba ahogando la economía, como le pasó a Venezuela. Llegó un momento en que ya no se pudo más y la OPEP empezó a negociar recortes de producción que debían ser amplios y consensuados para no favorecer la cuota de mercado de ningún país, situación en la que nos encontramos ahora.

El precio del crudo empezó a remontar, y con ellos algunas instalaciones en Estados Unidos empezaron a ser rentables otra vez porque se centraron en mejorar la eficiencia, por lo que la supervivencia estaba garantizada con un precio del crudo más bajo. Con esto, la producción de Estados Unidos se recuperó y a día de hoy sigue presionando a la OPEP con no dejar que el precio del crudo remonte demasiado el vuelo.

Pero aquí llega el problema. Los pequeños productores en Estados Unidos para poder sobrevivir necesitan vender, y para vender necesitan perforar, y para perforar necesitan dinero que no están recuperando totalmente con la venta de crudo. Esto se hace a través de financiación, así que en los últimos años el sector ha acumulado deudas estratosféricas. Claro, si la demanda de crudo a nivel global tuviese visos de recuperarse al compás de las economías, los bancos aguantarían la situación hasta que se saldaran las deudas, pero la contaminación nos ha salido al paso.

Ya saben que cada vez son más ciudades las que están prohibiendo el uso de los coches particulares en los centros urbanos para limitar la contaminación, principalmente por parte de los motores diésel. Esta situación está obligando al sector de automoción a pasar a marchas forzadas al coche eléctrico y recuerden que se han pedido ayudas a los gobiernos para poder crear redes importantes de abastecimiento eléctrico, algo que el presidente de la República francesa apoyó en uno de sus discursos recientes.

Resumiendo, el alto endeudamiento de las empresas modestas y más modestas dentro del sector del crudo está jugando su contra porque los bancos, vista la dirección que lleva el sector de automoción y los gobiernos en los últimos meses, probablemente no quieran seguir apostando por proyectos del crudo, lo que puede poner en una situación comprometida en no demasiados meses a todos los productores.

En el sentido anterior, el francés BNP Paribas ha dicho que ya no va a financiar proyectos de esquisto o arenas petrolíferas, en un claro giro hacia ver poco futuro al retorno que pueden obtener de su financiación o proyección en el futuro de todo el negocio. Evidentemente, esto muestra que hay dudas de la sostenibilidad de la industria a medio y largo plazo. Ya saben que cuando se pierde capacidad de financiación de un sector, su futuro está condenado y quizá sea éste el primer paso de más problemas que puedan aparecer en el futuro, así que debemos seguir con atención los acontecimientos, más que en el desarrollo del precio de la acción, la evolución de los intereses que suelen pagar estas empresas por financiación, o si simplemente se les corta dicha financiación, lo que puede llevar a la quiebra a más de una.